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365 días de gratitud.

Los últimos cinco años del mundo que he conocido transcurrieron como un declive, una transformación violenta y cruda de nuestra humanidad. No necesito expresar en palabras eso que cada día es imposible esconder de nosotros mismos: Somos frágiles en nuestra condición de seres humanos. El equilibrio entre la empatía y la crueldad está muy lejos de ser una línea marcada y bien definida: la riqueza de nuestra existencia es la lucha, la supervivencia no sólo física sino también  interior. Batallamos por sobrevivirnos -a nosotros mismos-, a nuestra raíz feroz, animal y temerosa.  Somos guerreros anónimos e insaciables de una esfera intelectual, una que pareciera demasiado elevada, muy abstracta para sostener entre las manos como lámpara. No queremos claridad, preferimos vivir en el mundo del claro oscuro, donde los contornos se pierden y nosotros nos convertimos en el foco de atención. Vemos al final de esa oscuridad la muerte que nos aguarda a todos como un enemigo al que el m...